Ayer en las noticias, a propósito del triunfo en Toulon de la selección de fútbol sub 23, vi y escuché los comentarios de algunos entrenadores chilenos, entre ellos Nelsón Acosta.
Cuando el periodista le preguntó sobre el trabajo de Bielsa, este le dijo, algo así como: "en el fútbol no hay nada nuevo, a no ser que invente jugar por las galerías del estadio"
En buen chileno, ese fue un comentario "mala leche" y envidioso. En vez de apoyar el trabajo del nuevo entrenador, dice un comentario que no aporta en nada, más bien es negativo y poco constructivo.
He visto, experimentado, como esto también ocurre en el mundo de las organizaciones. Nos cuesta reconocer el trabajo de nuestros compañeros de trabajo, en cambio la mayoría de las veces "le buscamos un pero"; el reconocimiento, el refuerzo, el elogio fortalece la conducta y hace que esta tenga mayor probabilidad de ocurrencia en el futuro. No es un asunto de ego, es un tema de vínculos, de relaciones, de asociar hechos y acciones; el conductismo hace décadas que probó experimentalmente la importancia del refuerzo positivo.
Esto funciona no sólo en "nuestros hermanos menores", si no también en los seres humanos. Cuando hago facilitación, relatoría en talleres, pregunto a los participantes. "¿Qué hacen cuando sus hijos llegan con buenas notas en la libreta de calificaciones?". "Lo felicito, le doy un beso, un abrazo, un premio", me responden. "Bueno - les digo - con ese abrazo, ese beso, además le estas diciendo (metalenguaje), sigue así, continúa por ese camino". Simple.
Aprendamos a reconocer y a reforzar postivamente a los demás (ya hablé del refuerzo positivo, junto con algo de coaching en un post anterior)






















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