Hoy fui a comprar a la feria que todos los domingos funciona cerca de mi casa. Caminando por la acera a 5 metros se encontraban conversando2 individuos; en sentido contrario viene otro individuo quien le pregunta a uno de ellos: “Hola, (nombre), ¿cómo has estado?”, quien responde: “Bien gracias, ¿y tu?”
Cuando pasé cerca de los 2 individuos, al que saludaron le dice al otro “¿Y qué le interesa a este imbécil (eufemismo) saber cómo estoy?”
Me preguntó: ¿qué sentido tiene responder cuándo su sentir era totalmente opuesto? ¿Por qué no podemos ser honestos, asertivos y consecuentes con nuestro sentir? Entiendo que en algunas situaciones sociales, sobre todo protocolares, nos comportemos de la manera “políticamente correcta”, “educada”, pero llegar a mentir, caer en el cinismo, hacer algo que está en contra de nuestros valores, creencias y sentimientos es algo totalmente diferente.
En el ámbito organizacional esto es más frecuente de lo que esperamos; para que decir en la política. ¿Qué nos impide decir lo que sentimos en el trabajo? Por una parte, el temor a las consecuencias, a las represalias, al “castigo” y censura de parte de nuestra jefatura. Pero ser jefe no es lo mismo que ser líder. El jefe se valida en las atribuciones que el cargo formal le otorga; el líder, en cambio, lo hace en su credibilidad como individuo, en su capacidad de convocar, persuadir y negociar con los demás. El líder verdadero no tiene temor de escuchar lo que los otros opinan. Por otra, en el caso de nuestros compañeros de trabajo, nos limita ser honestos el temor al rechazo, por el “que dirán”. Hoy en día, existen técnicas para aprender a conversar, para decir lo que sentimos sin tener que necesariamente herir y maltratar a los demás, tales como la expresión eficaz y la asertividad. No es fácil aprenderlas, pero con perseverancia y constancia se puede, es mejor que mentir y ser políticamente correcto.























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